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De motivos y zonceras, para volver a enamorar en noviembre

Por Daniela Bambill*

El resultado electoral nos ha sido esquivo. Las urnas hablaron y es evidente, como ha dicho el Presidente, que se cometieron errores y el Pueblo se expresó.

Es real que en las elecciones de medio término las motivaciones del electorado no son las mismas que en las elecciones presidenciales. Hay una suerte de dispersión del voto que no acontece de manera tan contundente, esto es histórico.

En los últimos años la polarización social se ha profundizado no solo en la Argentina, sea por efecto de las redes sociales, por la embestida brutal de los medios hegemónicos, por las crisis de representatividad política o todos esos factores juntos. Lo cierto es que la “grieta” no es una exclusividad argentina.

Mucho se ha escuchado en estas últimas horas acerca de la “derechización de la sociedad”. A entender de quien escribe esa construcción fogoneada mediáticamente y repetida por alguna dirigencia podría entrar en la categoría de zoncera del Siglo XXI.

Los datos de esta última elección han demostrado que Cambiemos, o Juntos por el Cambio o Juntos, como quieran denominarlo, no ha sumado votos. Sencillamente han fidelizado su electorado que ronda el 38%. Si se hace historia un poco más allá de la última década en 1973, el General Perón obtuvo el 62% de los votos, es decir que cerca de un 40% le fue esquivo, si venimos un poco más acá en el tiempo, Cristina Fernández alcanzó el 54% en 2011, o sea que también, casi un 40% del electorado le fue esquivo.

Lo novedoso sea, tal vez, que el sector social argentino más conservador ha encontrado en la coalición opositora representación electoral y que estos supieron sostener ese caudal, más allá del desastre al que llevaron al país en tan solo 4 años. Sea por la acción del blindaje mediático, sea por constituir una expresión ideológica que sabe camuflarse en discursos basados en sentido común, sea cual sea la razón, no constituye eso motivo de este análisis. Lo cierto es que los números concretos no evidencian la tan mentada derechización.

En la CABA el fenómeno producido por Milei con 238.552 votos, un 13,66%, no puede considerarse de ninguna manera un efecto de derechización en un país con 45 millones de habitantes y casi 35 millones de electores empadronados. El fenómeno Milei es producto de la magia del pensamiento porteñocéntrico, que nada tiene que ver con la realidad concreta de un país federal.

En una sociedad donde la opinión corre como reguero de pólvora y las sentencias taxativas son moneda corriente (desde el fútbol a la política, pasando por la epidemiología o la astrología, da igual), profundizar un poco, antes de levantar consignas espasmódicas, podría constituir un buen ejercicio de ciudadanía y un buen paliativo para la salud emocional, por qué no…

Volviendo a la voluntad popular expresada el domingo en las urnas, es evidente que un porcentaje muy alto de la ciudadanía ha decidido no votar: 34%. Allí tal vez está el grito más fuerte, la apatía frente a los comicios en un país en está internalizado que la Democracia es cosa de todos y la jornada electoral es un evento ineludible desde hace 38 años.

Esa apatía sumada a lo que analistas dan en llamar “voto castigo”, que ha encontrado su cauce en disimiles propuestas de la oferta electoral, tienen, probablemente motivaciones similares.

La realidad económica es angustiante, huelga enumerar los orígenes y el lastre que nos encontró enfrentando a una pandemia con una deuda monstruosa y todos los indicadores en rojo, ya lo sabemos.

Sabemos que se han hecho esfuerzos para paliar la situación, pero, evidentemente, no fueron suficientes. El domingo el pueblo argentino ha manifestado su descontento frente a una realidad imposible de soslayar.

Tal vez es tiempo de comenzar a comprender que para que la recuperación económica no se la lleven cuatro vivos hay que alinear salarios, tarifas y precios, cuidando principalmente al pueblo trabajador.

Tal vez es tiempo de poner el acento en políticas sociales más contundentes que alivien al pueblo desocupado mientras se ponen en marcha los mecanismos de generación de empleo. Cuando el hambre se sienta en la mesa de una familia no espera los tiempos macroeconómicos.

Capítulo aparte y muchas horas de análisis debería llevarnos pensar si nuestra oferta electoral ajustada a una sola lista en todos los niveles, sin permitir la contienda dentro del espacio en el marco de una disputa democrática con reglas de juego claras, respetando la diversidad de liderazgos territoriales y a los efectos de aumentar el volumen de participación, es la mejor estrategia hacia el futuro.

La pandemia ha puesto en escena limitaciones de toda índole. Es real. También ha generado una suerte de espejismo en el cuál la política de palacio va por las pantallas y por la calle, el pueblo de a pie. Esto último no se acerca ni por asomo a la historia del ejercicio del peronismo en el poder.

Los peronistas gobernamos para las mayorías, entendiendo que la felicidad del pueblo y la grandeza de la Patria son la meta de la soberanía política, la independencia económica y la justicia social.

Es tiempo de volver a las bases y enamorar nuevamente a los argentinos. Sabemos cómo hacerlo.

 

*Presidenta del Instituto Independencia.